Al igual que otras muchas ciudades costeras, Oslo ha rediseñado su fachada al mar. El Teatro de la Ópera, el mayor edificio cultural construido en Noruega desde la finalización de la Catedral de Nidaros en la ciudad de Trondheim (alrededor del año 1.300), es considerado un símbolo de lo que representa Noruega como nación y refleja el importante papel que desempeñan en la sociedad tanto la ópera como el ballet. La construcción del nuevo teatro de la Ópera es la mayor iniciativa político-cultural emprendida en la Noruega moderna.

La superficie de su planta equivale a la de cuatro campos de fútbol y tiene 1.100 salas agrupadas en diversas secciones. Diseñado por el estudio de arquitectura Snøhetta, el diseño del Teatro de la Ópera es poético, pero también preciso y, aunque ocupa un espacio de la ciudad, también se lo devuelve. Actúa como mediador entre dos barrios y conecta la tierra y el mar. El equipo de arquitectos optó por la monumentalidad, pero no una erguida majestuosamente como una escultura sino, por el contrario, animada de un espíritu social: un proscenio público a un nivel humano.

El Teatro de la Ópera es paisaje y edificio. Oculta su función musical real y opta por un doble uso. Un ejemplo de ello es el tejado que asciende hasta los 32 metros de altura. Diseñado como un espacio de uso público y animado por los reflejos de la luz incidente, tiene también elementos tales como escaleras, chaflanes e incluso una torre escénica de 54 metros de altura, en los que las líneas horizontales, verticales y diagonales se combinan de manera austera pero agradable; también tiene una maravillosa alfombra sobre la que es posible pasear, sentarse, comer el aire libre, bailar, patinar, descender hasta el mar o esquiar. El vestíbulo está abierto todo el día y alberga cuatro bares, un restaurante, tiendas y aseos.

El edificio se caracteriza por un exterior duro (piedra natural y cristal) y un interior en el que predomina la calidez (madera de roble blanco estadounidense). El techo, grandes superficies de los muros exteriores, la explanada delantera y el vestíbulo están revestidos o cubiertos con 38.000 placas de mármol de Carrara de un blanco resplandeciente. El material utilizado tanto para el muro exterior del lado norte como para una de las partes que da al mar es un tipo de granito noruego denominado Ice Green. Las áreas públicas de la parte delantera y del lado oeste cuentan con enormes muros de cristal que ofrecen una vista totalmente libre de obstáculos al fiordo de Oslo; en uno de ellos se ha integrado un gigantesco panel solar. En la parte posterior, las instalaciones de uso comercial se distribuyen en cuatro plantas y un sótano e incluyen talleres, salas de ensayo, oficinas, vestuarios y almacenes.

Estas instalaciones se caracterizan por su flexibilidad y adaptabilidad. La funcionalidad se indica mediante un revestimiento de aluminio horizontal, cuyo patrón se resalta con la luz.

La entrada al vestíbulo supone un contundente y reconfortante cambio de ambiente para el visitante. El elemento característico es una alta pared curvada de roble tratado con aceite: para la cara exterior de las curvas se eligió madera de roble báltico, mientras que para las caras interiores y el techo se eligió roble blanco estadounidense. Incluso desde la distancia, la madera resplandece a través de los muros de cristal. El vestíbulo es una gran sala abierta con diversas condiciones de iluminación y vistas a las zonas aledañas. Se caracteriza por un uso sencillo de los materiales y por el minimalismo en los detalles.

El estudio de arquitectura Snøhetta AS de Oslo y Nueva York eligió el roble blanco americano para el vestíbulo principal que es el punto de acceso principal para todos los visitantes a este monumental edificio. Bosvik AS – una empresa noruega dedicada al diseño de interiores y su ejecución – suministró los aproximadamente 3.000 metros cuadrados de paneles de roble blanco, que se utilizaron para revestir la pared, alta y ondulante, que sirve de separación entre el vestíbulo y los auditorios. Esta “vía de acceso al teatro”, que asciende hasta el tercer palco del Gran Auditorio, está formada por corredores y pasillos serpenteantes, totalmente recubiertos con roble blanco estadounidense tratado con aceite, en suelos, paredes, escaleras y techos encarnando simbólicamente la transición de la realidad a la fantasía.

El roble blanco estadounidense se ha convertido en la primera opción para arquitectos y diseñadores de todo el mundo en proyectos tanto públicos como privados debido a su flexibilidad, estabilidad y atractiva fibra recta, que lo hacen muy adecuado para la mayoría de las aplicaciones de carpintería. Además, el roble blanco se obtiene de bosques de frondosas de los Estados Unidos gestionados de forma sostenible, donde las existencias de frondosas en crecimiento han aumentado de 184.090 millones de pies cúbicos en 1953 a casi 400.000 millones de pies cúbicos en 2007.

 

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