La nueva sede central del Instituto Oceanográfico de Irlanda se sitúa en un cabo de la bahía de Galway, cerca del pueblo de Oranmore, mirando hacia las frías aguas del Atlántico, donde el horizonte se quiebra contra la silueta de las islas. “Es un enclave ideal”, dice Ciaran O’Connor, arquitecto principal de la Office of Public Works y líder del equipo de proyectistas. Sin embargo, no sólo en el exterior del edificio, sino también en su interior, hay algo cautivador ya que, por todas partes, O’Connor y su equipo han contrapuesto al ambiente clínico de un centro de investigación, el calor y la textura de la madera. Entre las muchas razones para utilizar madera, O’Connor menciona primero sus credenciales medioambientales, pero añade: “la razón fundamental es su facilidad de empleo y su flexibilidad para crear formas y conseguir infinitos efectos”. Y, desde luego, el edificio muestra magníficos efectos – en suelos, puertas, ventanas, revestimientos panelados, muebles y techos en donde las maderas de frondosas forman parte siempre de cualquier vista interior. En total, se utilizaron más de 50 contenedores de madera de frondosas, tanto tropicales como procedentes de climas templados, todas ellas producidas en bosques gestionados de forma sostenible. El edificio, una construcción de hormigón y acero, está formado por una medialuna que refleja la curva de la bahía y en cuya parte trasera se encuentran los laboratorios rectilíneos. “Es una combinación de una tipología estructural muy racional con una distribución en planta más romántica en aquellas zonas menos restringidas o menos definidas funcionalmente”, afirma O’Connor.

Dado que las especificaciones para los laboratorios eran bastante rígidas, elauténtico disfrute de O’Connor con la madera comienza al traspasar la puerta de éstos. Aquí, las áreas de descanso se caracterizan por paredes revestidas con paneles de fresno estadounidense sobre fieltro acústico, suelos de roble macizo y muebles suaves que proporcionan un completo cambio de humor con respecto al ambiente más aséptico y monótono de los laboratorios. En todo el edificio, las puertas se han usado también para explorar y resaltar la amplia variedad de colores y texturas de las diferentes especies de madera. Existe una especie de jerarquía en las puertas y en su diseño. Las puertas de los laboratorios y de los despachos del personal siguen pautas simples en haya y en cerezo estadounidense, en tanto que las puertas de otras áreas, como las salas de reuniones, son un complicado mosaico realizado con hasta 14 especies diferentes. O’Connor lo resume así: “Las personas reaccionan bien ante la madera, ya que hace más cálidos los edificios y suaviza el efecto de la luz reflejada en otras superficies”.

La luminosidad resultó una consideración importante a la hora del diseño. Como se habían elegido revestimientos de paneles de fresno, suelos de roble y carpintería de cerezo negro estadounidense, roble blanco y arce, el equipo de proyectistas tuvo que evitar el efecto sauna con la táctica de hacer que la luz entrara al menos por dos direcciones en cada espacio, la mayor parte de ella a través de ventanas con marcos de iroko, algunos de los cuales alcanzan toda la altura de la pared. Ahora que el edificio ya está acabado y en uso, O’Connor se declara satisfecho con el resultado, e incluso un poco envidioso de sus moradores. “Es un lugar notablemente bello. Pienso que hemos hecho justicia a este paisaje. Estaría realmente encantado de poder trabajar allí”.

 

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