Tras 60 años, a finales de 2002, Roma pudo por fin ver realizado su viejo sueño de poseer un centro internacional para la música. Los trabajos comenzaron en 1997, pero su culminación tardó cinco largos años, en parte debido a la delicada naturaleza arqueológica del lugar de excavación. Los cimientos de una villa romana encontrados de forma totalmente inesperada, se incluyeron en el esquema del arquitecto Renzo Piano y ahora se pueden ver en el vestíbulo subterráneo que da acceso a las tres salas de concierto.

El nuevo auditorio se encuentra en el distrito Flaminio de Roma, cerca del centro deportivo de Pier Luigi Nervi. Las tres salas, a las que se ha descrito de varias maneras, comparando su forma estructural con “escarabajos” o con “mandolinas dadas la vuelta”, están rodeadas por una gran zona verde que se abre a un anfiteatro exterior. Este, considerado como la pieza clave del conjunto, también puede utilizarse como sala adicional para espectáculos y representaciones al aire libre, con capacidad para 3.000 espectadores. Conocido como Parco della Musica, se encuentra a los pies de Villa Glori, creando un efecto nostálgico que recuerda a las ruinas de los grabados de Piranesi: una metáfora de la antigüedad clásica. Las diferentes salas están destinadas a usos específicos e independientes, como refleja su diseño.

Los visitantes quedarán impresionados por la majestuosa naturaleza del edificio pero también, como ocurre a menudo en los trabajos más recientes de Renzo Piano, por las importantes connotaciones simbólicas, llenas de significado. Las formas de las tres salas son, de hecho, similares a las cajas de resonancia de tres mandolinas. Indirectamente también es como contemplar una naturaleza muerta de Baschenis, en la que Villa Glori desempeñaría el papel de la vegetación de estilo flamenco y el edificio puente, que une las tres salas principales, sería la mesa con su mantel de lino.

La elección de los materiales también recuerda y reinterpreta el pasado. Se acordó utilizar terracota, madera de cerezo estadounidense, plomo y piedra, con los que en el arquitecto ha explotado sus variadas posibilidades estructurales, ornamentales y expresivas. Mientras que en el exterior Piano utiliza la naturaleza orgánica de una lámina de metal cubierta por un caparazón de plomo que descansa sobre una base de piedra rodeada de vegetación, en el interior Piano combina la funcionalidad racional con la expresividad poética.

Dentro de las salas de concierto la madera se ha utilizado profusamente para cumplir requisitos acústicos específicos y proporcionar también un entorno envolvente. La calidez del cerezo negro estadounidense ofrece un interior “blando” (en términos psicológicos aunque, evidentemente, no en términos físicos). La elección de este material cubre la necesidad de un estilo que remita al pasado para reintroducir sensaciones acumuladas en la memoria colectiva a lo largo del tiempo.

La tecnología es visible pero no abrumadora, casi como si se quisiera recuperar ese aspecto doméstico tradicional de los teatros históricos italianos. Aquí, se reinterpretan y mejoran las estructuras de madera del Teatro Olímpico de Vicenza o del Teatro Farnese de Parma, adoptadas con acierto por Piano para el nuevo auditorio Niccolò Paganini, construido en la antigua fábrica de azúcar Eridania de la misma ciudad. No obstante, es probable que en el interior del Teatro Bibbiena de Mantua sea una referencia más precisa. La magia creada por el color cálido de la piedra y el conjunto de molduras y adornos se reinterpreta aquí con líneas simples y un estilo totalmente austero. Los mismos valores se comunican también a través del gran potencial expresivo de la madera. En un interior de apariencia realmente minimalista y contenidos fuertemente técnicos, Piano acierta a revivir esos valores y ese mundo de sensaciones que tradicionalmente asociamos a los interiores amueblados o, con mayor frecuencia, a los interiores exquisitamente decorados.

Se reinterpreta efectivamente los precedentes históricos, teniendo en cuenta al mismo tiempo los diversos escenarios del futuro. El color cálido y único del cerezo crea también una continuidad visual entre las diferentes superficies, eliminando las diferencias o interrupciones entre el suelo, las paredes y el techo y consiguiendo así una expansión del espacio mismo.

La elección de la madera y la configuración de los distintos módulos recuerda a muchos edificios religiosos históricos, en los que la maestría del trabajo estaba a la par con la calidad de los materiales. El empanelado de las paredes y de los techos da testimonio de la gran calidad de los detalles tecnológicos, del impresionante esfuerzo de los constructores especializados así como de la constante asistencia y rigurosa supervisión de Renzo Piano Building Workshop.

Cada sala de conciertos dispone de instalaciones y equipos de grabación propios. Existen además 19 salas de ensayo de diferentes tamaños. El diseño de las dos salas de grabación

proporciona una excelente calidad acústica gracias al uso de elementos móviles y pantallas acústicas que permiten el ajuste de los tiempos de reverberación. El experto en acústica del estudio de arquitectura de Piano, Helmut Muller, había trabajado ya en el proyecto Lingotto del arquitecto.

El uso de la madera ofrece las cualidades acústicas y estéticas idóneas para la música. El cerezo negro estadounidense posee unas buenas propiedades acústicas, pero se eligió también por su resistencia y trabajabilidad. Es una madera predecible, flexible, resistente al deterioro y muy hermosa.

 

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